Enciendes un cigarro y mientras el humo invade tus pulmones en la televisión Óscar Jaenada, transformado en José Monge, Camarón de la Isla, canta la cigarra.
“Ya no cantes cigarra,
apaga tu sonsonete,
que llevo una pena en el alma,
que como un puñal se me mete
sabiendo que cuando canto
suspirando va mi suerte.
Bajo la sombra de un árbol
y al compás de mi guitarra
canto alegre este huapango,
porque la vía se acaba
y no quiero morir soñando,
ay, como muere la cigarra.
El humo invade la habitación y arropado por la niebla que se crea viajas entre recuerdos e ilusiones, caminas por las cuestas de la Chanca antes de que la derribaran, cuestiones de salubridad dijeron, entre cuevas superpuestas, unas encima de otras, buscas a Alfonso, tu colega, que vive en la parte alta. La noche es clara, la rambla del Caballar, en la que se asienta el barrio, está tranquila, caminas entre cagadas de niño chico y basuras abandonadas. Suena Camarón, cantando a Garcia Lorca, alguien lo escucha con el volumen alto y gracias a la resonancia la música invade el barranco, nadie protesta, no hay razón para la queja.
En el barrio hay poca luz y la voz de Camarón impregna los cerros pelados, resecos. La Alcazaba, justo enfrente vigila la noche serena. Dentro de las cuevas el silencio es absoluto, Alfonso duerme, cansado después del último ataque epiléptico. Sales a la puerta a liarte un cigarro, el “quejío” sigue invadiendo la noche, la luna viaja despacio por el cielo de Almería, y entre el humo el tiempo pasa volando. En el televisor, Óscar Jaenada canta en la piel de José Monge mientras los títulos de crédito surgen a su lado. Apagas el televisor, es tarde, el tiempo es caprichoso, a veces se detiene y otras corre veloz y no eres capaz de seguirlo.
“El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño
El tiempo va sobre el sueño
Hundido hasta los cabellos
Ayer y mañana comen
Oscuras flores de duelo
Sobre la misma columna
Abrazados sueño y tiempo
Cruza el gemido del niño
La lengua rota del viejo
Y si el sueño finge muros
En la llanura del tiempo
El tiempo le hace creer
Que nace en aquel momento
El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño”
En el barrio hay poca luz y la voz de Camarón impregna los cerros pelados, resecos. La Alcazaba, justo enfrente vigila la noche serena. Dentro de las cuevas el silencio es absoluto, Alfonso duerme, cansado después del último ataque epiléptico. Sales a la puerta a liarte un cigarro, el “quejío” sigue invadiendo la noche, la luna viaja despacio por el cielo de Almería, y entre el humo el tiempo pasa volando. En el televisor, Óscar Jaenada canta en la piel de José Monge mientras los títulos de crédito surgen a su lado. Apagas el televisor, es tarde, el tiempo es caprichoso, a veces se detiene y otras corre veloz y no eres capaz de seguirlo.