"...Quien siempre sabe a donde va nunca llega a ninguna parte, y que sólo se sabe lo que se quiere decir cuando ya se ha dicho."
(Javier Cercas, La velocidad de la Luz)
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sábado, 23 de octubre de 2010

Cuentos encadenados y 21: Se cierra el circulo


Resolver el problema del frío desmesurado era cuestión de esfuerzo y algo de dinero, pero la escritura no daba los beneficios deseados, tan solo espacios circulares en los que solía quedar atrapado. Para combatirlo tendría que recurrir, como tantas otras veces, a las mantas, el café caliente y el papel, no había otro remedio. El papel, dicen, genera calor y absorbe la humedad por lo que decidió trasladarse a vivir al estudio. Fue allí donde recluido se fue olvidando de todo, donde lo encontraron transformado en objeto. Firme y tieso, como una pieza de terracota, pasaba inadvertido, se había transformado en un elemento decorativo más de una habitación pequeña repleta de libros.

sábado, 3 de julio de 2010

Cuentos encadenados 20: Cambio climático

Las bajas temperaturas del invierno pasado causaron desconcierto y algún que otro conflicto entre los habitantes del pueblo. Nadie entendía la causa y eran múltiples y variadas las discusiones provocadas por el tema. Algunos argumentaban, y convencieron a la mayoría, que la situación era provocada por el exceso de vacas del pueblo de abajo, (ellos tenían las necesarias para mantener su ritmo de vida), y su influencia en los niveles de CO2, por lo que decidieron, a fin de evitar nuevas heladas, hacer una incursión y sacrificar a la mitad de los animales.
Mientras armados de machetes descendían por el camino nuevo, más ancho y más corto, confiados en que su acción era la correcta, no se percataron que, por el sendero viejo, subían los de la otra aldea, armados también, a resolver el problema del frío desmesurado.

lunes, 31 de mayo de 2010

Cuentos encadenados 19: Noticia en la página de sucesos

Al calor de su cuerpo primero acudieron las moscas. Aquella noche el frío era intenso, los periódicos húmedos por la lluvia ya no abrigaban. El final se acercaba y sobrevino en silencio, cuando el sueño se apoderó de la escena.
Una vez muerto el proceso comenzó con la autólisis, el corazón dejo de enviar oxigeno a las células, estas dejaron de funcionar y las enzimas presentes en el cuerpo actuaron sobre aquellas descomponiendolas. Simultáneamente se produjo la putrefacción, las bacterias presentes en la flora intestinal (la clostridía y los coliformes) invadieron células de los demás órganos, devorándolos. Ambos procesos químicos desprendieron metano y sulfuro de hidrógeno, gases que inflaron su cuerpo y elevaron la temperatura de una fría noche invernal, esto atrajo a insectos, ratas, y algún que otro perro vagabundo. El resto solo fue cuestión de tiempo.
Lo encontraron, pasados unos meses, era un amasijo de huesos, un amasijo anónimo que no importaba a nadie, tan solo curiosos con cámara de fotos y ganas de emociones fuertes. La policía abrió una investigación que pasado unos días cerró. Cuando la científica terminó su trabajo, los servicios municipales limpiaron la zona. Los restos fueron depositados en una anónima fosa. Una cifra, el número asignado a su expediente, pasó a ser su nombre. Una pequeña noticia en un periódico local su historia. “encuentran restos humanos sin identificar en la cara norte del castillo, se especula que fue un indigente muerto por las bajas temperaturas del invierno pasado”

domingo, 9 de mayo de 2010

Cuentos encadenados 18: Complejo de Edipo

Por fin se encontraba a gusto, estaba en casa. Lejos de ruidos, atascos, problemas. Como en casa en ninguna parte, ya lo decía su madre.
La fuga había sido una insensatez, una niñería y el ya no tenía edad para esas cosas. Había sido una fiebre pasajera, pero como toda fiebre ya había remitido, pediría perdón, volvería a ser un buen chico, dócil y obediente, trabajador y educado. Regresaría a la rutina de siempre, su madre lo entendería, las madres lo entienden todo y como no había dejado huellas, todo sería como antes, como antes que esa mujerzuela lo trastornara... me trastornara.
Me lo había advertido mamá, no te fíes de las mujeres, tu eres bueno e ingenuo y ellas se aprovecharan, no te vayas, pero no le hice caso, estaba poseído, atrapado en su red diabólica, pero la destruí, me liberé y vuelvo a casa, a mi hogar, a sus caricias, a sus abrazos, a los susurros nocturnos, al calor de su cuerpo.

martes, 23 de marzo de 2010

Cuentos encadenados 17: El regreso

Incapaces de salvarlo de la rutina, de los tics, de los actos repetitivos. Así consideraba a los ritos aprendidos, a las enseñanzas heredadas.
Fue despojándose, al principio con cautela, más tarde con fruición, de costumbres, hábitos y recuerdos hasta que se sintió libre, limpio, leve como una nube. Dedicó todo su esfuerzo a la pureza, a un renacer simbólico en la claridad, en la limpieza, en la verdad. Comenzó de nuevo desde cero, desde el inicio etéreo. Recreó su vida paso a paso. Inventó códigos nuevos. Recorrió caminos desconocidos, espacios novedosos. Pero, como atrapado en un circulo implacable, retornó a la misma rutina, reprodujo los mismos o parecidos tics, realizó los mismo actos, celebró los mismos ritos aunque con diferente traje, repitió las mismas enseñanzas. Viajó huyendo, buscando un sueño y volvió sin darse cuenta, sin percibirlo...
Los mismo pasos, la misma calle, el mismo perro, el mismo árbol, el mismo cielo, la misma puerta.
Introdujo la llave en la cerradura, la giró y empujó. Encendió la luz y esperó unos segundos antes de entrar. La casa estaba fría, helada, meses cerrada le habían conferido cierto halo fantasmal. Abrió las ventanas y se sentó en el sofá. Revisó con la mirada cada detalle de la habitación. Respiró profundamente el aire familiar, conocido, que habitaba entre esas paredes. Estiró las piernas, se acomodó y poco a poco se fue durmiendo. Por fin se encontraba a gusto, estaba en casa.

lunes, 22 de marzo de 2010

Cuentos encadenados 16: La rutina

No podía ir a trabajar, era superior a sus fuerzas. El médico le decía que no tenía nada, que estaba sano como un roble, pero sólo pensar en los expedientes encima de la mesa que no paraban de crecer, en los archivadores renqueantes por los años de uso que amenazaban con caersele encima, en el tipex que cubría de blanco todo su esfuerzo, en los rotuladores fluorescentes que remarcaban sus obligaciones, en los clips y las grapas que lo sujetaban para que no huyera, en la luz pálida que invadía el espacio, en la voz del jefe que ordenaba lo imposible, en el café de maquina que agujereaba el intestino, en el sándwich de media mañana insípido y reseco, le subía la temperatura a más de 38 grados y caía en un hoyo oscuro, profundo, en un pozo del que no podía escapar.
Apagó el despertador. Como todos los lunes, ese ruido repetitivo, monótono y familiar lo había rescatado del sueño periódico, que invariablemente lo atrapaba los domingos por la noche, para arrojarlo a la realidad perenne y tediosa que lo reclamaba. Se levantó y fue al cuarto de baño. Se duchó, se afeitó, planchó la ropa y, ya vestido, desayunó. A las ocho menos cuarto, puntual, como todos los lunes, martes, miercoles, jueves y viernes abandonó la casa.
Le esperaban cinco días programados, metódicos, cinco días que desembocarían en cuarenta y ocho horas breves, ligeras, incapaces del salvarlo de la rutina.

sábado, 13 de marzo de 2010

Cuentos encadenados 15: Un fin de semana extraño

Por suerte era sábado por la tarde y hasta el lunes no tenía que trabajar. Se encontraba sólo y había decidido no ver a nadie. Tenía de todo en casa por lo que descolgó el teléfono, apago el móvil, cerró las ventanas para que no llegara ningún ruido del exterior, desconectó el timbre de la puerta e instaló la nevera y el microondas al lado del sofá. Sobre la mesa descargó decenas de bolsas de patatas, snacks, chetos y demás artilugios comestibles y se sentó cómodamente con el mando a distancia en la mano.
Frente a sus ojos, dominando el salón, la última maravilla de la técnica audiovisual, pantalla ultra fina de 60 pulgadas con ambilight, Full HD y una resolución de 5120 x 2160, clear de 440 Hz y perfect pixel HD engine. Todo ello para conseguir una imagen perfecta y un potente sonido, capaces de transportarlo a los mundos más insospechados.
Pulsó el botón de encendido y abrió la primera bolsa, mientras sus pupilas dilatadas no apartaban la vista de la pantalla, sus manos bien entrenadas abrían bolsas, metían pizzas en el microondas, destapaban botellas de refresco. Su boca con gran agilidad engullía sin pausa cuanto se le acercaba. Las imágenes invadían la habitación y envolvían todo a un ritmo frenético. Su vientre crecía y crecía transformándose en una masa viscosa que reventaba los pantalones y avanzaba por el suelo como una mancha de aceite. Los personajes de turno abandonaban el guión y se unían a la fiesta gastronómica, devoraban el liquido glutinoso a mayor velocidad que este se producía. El microondas echaba chispas de no parar de calentar comida preparada. La basura se acumulaba por el suelo flotando sobre la gelatina, de la que se nutrían fantasmas, asesinos, zombies, monstruos y demás figurantes de películas de terror. Pasaban las horas y su cuerpo preso de una compulsión bulímica se volvía cada vez más amorfo, más pringoso, disolviéndose en ese liquido espeso alimento de la ficción.
Cuando el despertador sonó el lunes a las 6 de la mañana, se despertó sucio, vomitado, con décimas de fiebre por lo que llamó a la oficina y avisó de que por culpa de la gripe no podía ir a trabajar

viernes, 5 de marzo de 2010

Cuentos encadenados 14: El viaje

Debía aprovechar cada minuto, ir a lo esencial, no entretenerse en lo superfluo. Esa era la consigna..
Levantarse a las 7 de la mañana, lavarse y desayunar. A la ocho salir a recorrer la ciudad, monumentos, museos , plazas y grandes almacenes. Comer un bocadillo rápido y más monumentos, iglesias y calles peculiares. Cenar algo ligero y a dormir. A día siguiente, vuelta a empezar.
5 días de viaje, 3000 kilómetros, 104 monumentos, 6 museos, 15 plazas, 6 grandes almacenes, 3 conciertos, iglesias, catedrales, castillos... 5000 fotografías. Bocadillos, refrescos, bolsas de patatas, helados, pipas, pasteles y algún que otro café.
Viaje relámpago, precio de escándalo, cultura en dosis masivas, diversión en vena. Nunca más por menos precio. No lo dejes pasar. Y no lo dejó y volvió exhausto, perdido, disperso, confuso. Subió las escaleras, tercer piso, letra H. Abrió la puerta, dejó las maletas en el pasillo, descolgó el teléfono, apagó el móvil y se dejo caer en el sofá. Por suerte era sábado por la tarde y hasta el lunes no tenía que trabajar

martes, 23 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 13: El gran depredador

Un ejemplo a seguir son los peces asociados en cardúmenes, un comportamiento de agregación de animales de similar tamaño y de orientación, generalmente cruzándose en la misma dirección. Esta conducta les reporta grandes beneficios, defensa contra los depredadores, pues mejora su detección y diluye la posibilidad de captura; facilidad para la obtención de alimento; mayor sociabilidad y con ello posibilidades de procrearse . Otra medida beneficiosa de la agrupación en cardúmenes es el incremento de la eficiencia hidrodinámica muy útil para los peces migratorios."
Quien había escrito esto se había olvidado del gran depredador, aquél al que ninguna estrategia ha logrado vencer. Dejó los libros sobre la mesa, salió a tomar el aire, la biblioteca olía a humedad y le dolía la cabeza.
Quizás los peces fueran un ejemplo, pero el estaba sólo, no tenía grupo ni dirección. De día, en la biblioteca, escarbando entre viejos volúmenes mundos alternativos con los que soñar. De noche, en un viejo piso, soñaba con esos paraísos perdidos e inalcanzables.
El gran depredador era insaciable, las sardinas se estaban extinguiendo a pesar de su estrategia milenaria, tan eficaz en otra época, y él y otros miles o millones como él, desperdigados y enajenados, acabarían engullidos, abducidos o desintegrados por ese paisaje totalizador, liquido, brillante e idiotizador llamado capitalismo.
Regresó a la mesa, a los libros de botánica y zoología, a sus sueños. Eran las 6 de la tarde, le quedaban tres horas y debía de aprovechar cada minuto.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 12: Vida ejemplar

El futuro era claro y diáfano... más bien transparente.
Terminará la carrera de Economía o de Derecho, o quizás las dos . Se casará con la novia de toda la vida. Trabajará en la empresa del padre de ella. Vivirá en un chalet con piscina y pista de padel. Tendrá dos hijos, la parejita por supuesto. Los domingos reunirá a los amigos alrededor de una barbacoa. Viajará todos los veranos a Miami o a Santo Domingo. Jugará, los sábados por la mañana, al golf con su suegro. A los 35 será socio de la empresa. A los 40 tendrá una o dos amantes y el colesterol por las nubes, cosas de la buena vida. A los 45 dirigirá el consejo de administración y llevará a cabo una reestructuración que mandará al paro a cientos de empleados. A los 50 poseerá una fortuna oculta en algún paraíso fiscal, “los impuestos sólo los pagan los lelos” será su lema. A los 55, amparado en un plan de expansión e internacionalización, cerrará los talleres y los trasladará a algún país lejano de bajo costo laboral. A los 60 será nombrado empresario del año y gran creador de riqueza. A los 65 patrocinará una fundación de ayuda a los pobres y una campaña por el desmantelamiento del sistema público de pensiones por caduco e injusto. A los 70 recibirá, por orden del congreso, la medalla de oro y brillantes en honor a toda una trayectoria. A los 75 morirá, donando el 1% de su riqueza a una ONG.
Un año después aparecerá en los libros de texto como el español del siglo y un ejemplo a seguir.

martes, 16 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 11: Manipulación

El tiempo se parará y por fin reinará el silencio”. En miles de móviles timbró al unísono este mensaje. Todas las televisiones y radios se despertaron con el mismo anuncio. Las ciudades amanecieron plomizas e invadidas de carteles con idéntico eslogan. ¿Qué ocurría? se preguntaba la gente, nadie sabia la respuesta. Miles de conjeturas, teorías, hipótesis y supuestos sobrevolaban las conversaciones en bares, oficinas y supermercados. Las colas en las gasolineras se hacían interminables. Las tiendas de alimentación agotaban las existencias. Las pilas, velas y lamparas de carburo eran objetos codiciados. Fueron horas de desconcierto, horas de caos e incertidumbre. Muchos huyeron de la ciudad y se refugiaron en el campo, otros aprovecharon la situación para saldar cuentas pendientes. Hubo saqueos, atracos e incendios provocados. Hubo manifestaciones, altercados y piquetes de defensa armados hasta los dientes. La policía se vió desbordada, el gobierno incapaz de controlar la situación movilizó al ejercito. Al anochecer, el toque de queda dejó desiertas las calles.
Y el sol brillará en un día esplendido”. La gente se despertó al son de esta frase repetida continuamente por altavoces, radios y televisores. Era una mañana radiante, una mañana soleada de invierno en la que apetecía pasear. Fue decretado día de fiesta oficial, las multitudes, alegres y despreocupadas, deambularon por plazas y bulevares, por parques y jardines. Recorrieron paseos y alamedas. Disfrutaron del sol y del asueto merecido.
Habían superado la amenaza, el miedo se había esfumado, la vida reverdecía... el futuro era claro y diáfano.

jueves, 11 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 10: Enajenación

¡Y poder al fin descansar!, gritaba a pleno pulmón mientras arrojaba por la ventana el despertador, los móviles, la radio, el televisor y todo aparato eléctrico o mecánico que pudiera medir el tiempo o alterar el silencio.
Eso es lo que buscaba, escapar del tiempo y sus premuras y habitar el silencio, ese espacio etéreo donde nada ocurre.
Cuando acabó con los electrodomésticos, siguió con los muebles, los objetos de decoración, los libros, los discos, la vajilla, las alfombras, la ropa de cama y la ropa de vestir. Todo alteraba su proyecto, su deseo de paz y tranquilidad.
Luego vinieron los cuadros, los azulejos, el pavimento, los grifos, el lavabo, el water, el bidé, la bañera, el fregadero y hasta los cables de la luz. El piso se encontraba diáfano, desnudo, había tirado hasta la cristalera, hasta las ventanas, hasta las persianas, hasta la escayola y hasta los tabiques... lo habia tirado todo, absolutamente todo, pero el ruido y el tiempo seguían allí aposentados.
Se asomó a la ventana y vio todas sus cosas, toda su vida convertida en una montaña de escombros. Se incorporó un poco más y se dejo caer, eran tan sólo 50 metros y... "el tiempo se parará y por fin reinará el silencio."

martes, 9 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 9: La espera

Le esperaba en la cocina su desayuno preferido. Eran las 8 de la mañana de un día luminoso. Por fin la lluvia y el viento iban a dar un descanso a sus nervios.

Después de desayunar salió a la calle, hacia semanas que no lo hacia. De carácter débil y huidizo, no le gustaba el bullicio de la ciudad, pero hoy era día 2 y tenía que ir a cobrar el cheque que puntualmente recibía, a primeros de mes, desde hacía varios años.

Los mismos que llevaba atrapado en ese barrio residencial aséptico y anodino. Los mismos que habitaba en esa falsa identidad que no le proporcionaba la seguridad anunciada. Los mismos años monótonos y tristes en los que la televisión era su refugio. Los mismos que había dedicado a imaginar como sería el momento en que lo descubrieran. El mismo espacio de tiempo que llevaba deseando que llegara ese instante y poder al fin descansar.

jueves, 4 de febrero de 2010

Cuentos encadenados 8: La llamada

Mientras pensaba en un café caliente y una ración de tarta sonó el teléfono. Hacia días que no sonaba, mejor dicho, hacia semanas que no se oía ni el timbre de la puerta, era una persona poco sociable y rara vez se reparaba en su ausencia. Pensó en no cogerlo, lo más seguro era alguien que se había equivocado, ¿y si no fuera un error?, ¿quién podría a estas horas acordarse de él?, el teléfono seguía sonando. ¿Un compañero de la oficina invitándolo a ir al cine o al fútbol?, imposible todos sabían que a él no le gustaba salir, el teléfono insistía nuevamente. ¿Su hermana pidiéndole que fuera a comer el domingo?, le extrañaba esa posibilidad después de lo ocurrido la última vez que estuvo en su casa. ¿ Y si fuera algún desesperado, necesitado de hablar , de ser escuchado, que hubiera marcado su número al azar?, para eso estaba el teléfono de la esperanza, la gente no debería molestar a los demás con sus preocupaciones...
El teléfono seguía y seguía, y él enfrente pensando alguna razón por la que lo debería descolgar . Sonó diez, once, doce veces y cuando dejó de sonar el ruido de la cafetera le recordó que le esperaba en la cocina su desayuno preferido.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuentos encadenados 7: Hora de jubilarse

Había pasado la noche en blanco. Aunque solía tener un sueño plácido y continuo, no era la primera vez que le ocurría, quizás el exceso de cafeína, quizás la presión del trabajo, quizás la copiosa cena. Mientras se afeitaba tomó la decisión de jubilarse, se estaba volviendo torpe y viejo, pero antes, él núnca dejaba un trabajo a medias, debía de cumplir un último encargo.
Salió de la habitación, bajo al vestíbulo, pagó la cuenta y salió a la calle. El día estaba nublado y amenazaba lluvia. Cogió un taxi, media hora tardó en llegar al lugar indicado. Cinco minutos más y estaría retirado, y podría desayunar tranquilamente en la cafetería de la esquina. Subió las escaleras despacio, era un cuarto piso. Tocó el timbre, oyó una voz que preguntaba y vio el fogonazo que destrozó la puerta.
Aunque no solía, bajó en el ascensor mientras pensaba en un café caliente y una ración de tarta

lunes, 25 de enero de 2010

Cuentos encadenados 6: Insomnio

El lugar deseado, que poco a poco se teñía de sangre, era como un mal sueño. Como una obsesión que revoloteaba a su alrededor cada noche. Como un zumbido monótono que le ataba a la realidad. Como un espacio sin limites, inabarcable, que le producía vértigo. Como un escozor que solo lograba calmar con alcohol e imágenes a gran velocidad.
Se levantó del sofá, apagó el televisor y se lavó la cara. Llevó el vaso al fregadero, se preparó un café y otra vez se lavó la cara. Volvió al salón, se encendió un cigarrillo, se sentó a esperar los primeros rayos del sol y cerró los ojos hasta que la claridad invadió la habitación. Había pasado la noche en blanco.

domingo, 24 de enero de 2010

Cuentos encadenados 5: La búsqueda

Se abotonó la gabardina y se dispuso a deambular un día más. Estaba cansado de recorrer esas malditas calles, monótonas, lineales... cuadriculadas. Se encontraba como atrapado en un laberinto estúpido, sin saber la razón, el porqué de esa aventura. ¿Aventura?, mas que aventura era rutina, obsesión y un sin sentido pegajoso del que no sabía escapar. Cruzó una calle, ¿cuantas veces habría cruzado esa calle?. Sonaron uno, dos, tres cláxones, ya le era familiar ese sonido. Escuchó el chirrido de unos frenos, era como un “buenos días” algo histérico. Sintió un fuerte golpe en un costado y luego el impacto de su cabeza contra el asfalto. El tiempo se paró en ese instante y vio ante sus ojos, tras casi un mes de búsqueda, el lugar deseado que poco a poco se teñía de sangre.

martes, 12 de enero de 2010

Cuentos encadenados 4: El cajero automático



A las copas nocturnas, a los paseos por el muelle, al ruido del mar contra el rompeolas, al balanceo de las barcas, al olor a salitre, al bullicio de la lonja, al pescado fresco... a nada estaba dispuesto a renunciar. Al café caliente, al frio de la madrugada, al regreso a casa, a la ducha cálida, a la cama limpia, al sueño profundo, al reposo tranquilo, al pescado a la plancha, a la luz del día entrando por la ventana, al pan tostado, al vino jugoso, a la buena comida, a la sonrisa cercana... en definitiva, lo quería todo, lo esperaba todo.

El ruido del tráfico lo despertó, recogió los cartones, bebió un trago del tetrabrik de sangria y salió del cajero. Estaba nublado y hacia frío..., se abotonó la gabardina y se dispuso a deambular otro día más.

jueves, 7 de enero de 2010

Cuentos encadenados 3: Circulo vicioso

30 minutos atrapado en un paisaje real y en un falso sueño, pero ¿donde acababa uno y se iniciaba el otro?. Cientos de noches deambulando por esa calle y no había logrado desligar ambos espacios, en un extremo el bar, en el otro su casa y en medio ese andar alcohólico, lento y atropellado. 30 minutos de la última copa a la cerradura de siempre. Sacó la llave y con algo de dificultad abrió la puerta y encendió la luz. La casa estaba helada, el ordenador encendido, libros por el suelo,la nevera vacía,... como tantas otras noches se acostó vestido, y durmió, no supo si en la realidad o en el sueño, que más daba, al día siguiente el despertador lo trasladaría a la rutina de una oficina inmaculada, al menú de 10 euros, al café de la tarde, al paseo después de cenar,... a las copas nocturnas

martes, 29 de diciembre de 2009

Cuentos encadenados 2: Camino al trabajo



"El lugar imaginado a tu alcance. No lo dudes. Llama."

El cartel, en lo alto de una loma domina la entrada a la ciudad, a sus pies montañas de escombros, chavolas y aguas pestilentes. En el aire el aroma fétido de la depuradora. Lejos la silueta de los primeros edificios y el humo de las fábricas.
Todas las mañanas idéntico trayecto y la misma cola interminable de vehiculos
Todos los días el mismo cartel e igual rutina, 30 minutos atrapado en un paisaje real y en un falso sueño.