"...Quien siempre sabe a donde va nunca llega a ninguna parte, y que sólo se sabe lo que se quiere decir cuando ya se ha dicho."
(Javier Cercas, La velocidad de la Luz)
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miércoles, 27 de abril de 2011

El semáforo. Relato-réplica

(Novena réplica a un relato de Antonio Roda. El original podeis leerlo en su  blog, en la dirección que aparece a continuación.
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2010/3/25/escena-un-crimen)


El semáforo en ambar, son las once de la mañana, el tráfico es disperso. Un hombre trajeado duda si cruzar. Observa a unos metros a un motorista revolucionar su vehículo, como dispuesto a arrancar en cualquier momento. Mientras se decide, se entretiene mirando las nubes. Llama su atención el movimiento extraño que el viajero trasero de la moto ejecuta en ese instante. Ve como desenfunda una pistola, escucha dos detonaciones, percibe el silbido de las balas y siente como le atraviesan el cráneo, como le revientan el cerebro, desconectandolo.
El semáforo en rojo, las once y diez, el tráfico detenido y la sangre recorriendo el asfalto. Los curiosos observan a distancia la llegada de las ambulancias y los coches patrulla, la recogida de pruebas, el levantamiento del cadáver. Algunos comentan, una moto salíó disparada justo después de los disparos, dos hombres huían en ella, no pudimos reconocerlos, el casco tapaba sus caras.
El semáforo en verde, las nubes se alejan, los servicios de limpieza han terminado, solo quedan manchas oscuras en el pavimento. El tráfico es fluido, todo vuelve a la normalidad. Una suave brisa refresca la mañana, son las doce y diez. La gente se dispersa entre tiendas, bares y plazas soleadas.

lunes, 28 de marzo de 2011

El viaje de nuestro padre. Relato-réplica

(Octava réplica a un relato de Antonio Roda. El original, titulado "Resumen de un asesinato", lo podeis leer en su blog.  http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2010/5/23/resumen-un-asesinato
Un saludo.)

Corría un caluroso día de junio de 1958 cuando nuestra madre enviudó, aúnque oficialmente no ocurriría hasta cinco años más tarde. Un día que se recordó siempre en nuestra casa, un día luminoso que al regresar de la escuela la encontramos feliz, sonriendo, algo que hacía bastante tiempo que no veíamos, desde que nuestro padre empezó a llegar borracho y a pegarnos con la correa cuando se le antojaba. Nos dijo que se había ido de viaje y en esa creencia crecimos hasta que, hace unos días, poco antes de morir, nos contó lo sucedido aquella mañana. Eran las once de la mañana, nosotros en el colegio jugábamos al fútbol, pero no olvidábamos lo ocurrido la noche anterior. Nuestra madre había limpiado el polvo, planchado las camisas, fregado los platos, barrido el suelo, preparado el estofado. Nuestro padre se acababa de levantar y el aroma lo atrajo a la cocina. Cató de la olla y se sirvió un plato acompañado de un vaso de güisqui. Cuando nuestra madre regresó del patio, de tender la ropa, lo encontró durmiendo sobre la mesa, no quedaba nada del guiso, pero tampoco del miedo que la había atenazado tantos años. Abrió el cajón donde guardaba los cuchillos del abuelo, carnicero durante cincuenta años. Lo descuartizó siguiendo las instrucciones que tantas veces le diera su padre y en menos de dos horas su marido se había ido de viaje y ella limpiaba a conciencia la cocina para que no quedaran huellas de la verdad. Crecimos felices en aquella casa junto a nuestra madre a pesar de que nos prohibiera tener perro. 

jueves, 24 de marzo de 2011

Atracos legales. Relato-réplica

(Septima réplica a un relato de Antoni Roda, el original en la dirección siguiente:
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2009/5/19/atracos
Un saludo)


Con andar seguro cruzó la puerta y atravesó el hall, los empleados afanados en su trabajo no percibieron su llegada, el sol iluminaba la habitación y creaba una atmósfera seductora. Llegó a su despacho, se sentó en el sillón giratorio y aspiró el olor que el gel había dejado en su piel. Encendió el ordenador y llamó al interventor, buenos días señor director, comentó el subordinado al entrar y entregarle una carpeta con el informe del día anterior. Hasta ahora todos habían sido satisfactorios y no esperaba menos de este. En la central estaban entusiasmados con su trabajo, desde que se había hecho cargo de la sucursal los beneficios se habían multiplicado por cuatro, medio pueblo ya le debía algo y el resto no tardaría en caer en sus redes. Miró el dossier con detenimiento, diez créditos hipotecarios, seis al consumo, doce tarjetas y tres planes de pensiones. Contento y satisfecho con el resultado decidió salir a pasear y tomarse un desayuno completo con doble ración de tarta.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La ejecución. Relato-réplica

(Sexta réplica a un relato de Antonio Roda. El original pódeis leerlo en la siguiente dirección:
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2010/1/19/asesino-asesino
Un Saludo)


Qué como me llamo. Mi nombre no tiene importancia, tan solo soy el brazo ejecutor. La orden esta dada y ha llegado el momento de que pague sus deudas con los hijos, hijas, madres, padres, abuelos, abuelas, de todos los secuestrados, torturados, ejecutados, desaparecidos. 

Entro en el bar, el aire cargado de humo crea un ambiente relajado, se respira paz. El lugar es un paréntesis, un espacio aislado del caos, donde los elegidos disfrutan, saborean sorbo a sorbo su estatus, su asegurado nivel de vida. Lo veo al fondo, en la barra, absorto leyendo el periódico, nadie diría que tras esa fachada impecable, ese aspecto relajado y feliz se esconde un verdadero hijo de puta, un perro guardián con apariencia de dandi. Atravieso la sala, nadie repara en mi presencia. Ya en la barra, pido un gin-tonic. A mi derecha, enfrascado en la lectura, lo noto ausente, disfrutando de un merecido descanso tras una jornada dura de sangre, gritos y heces involuntarias. Recién duchado, pulcramente afeitado. El aroma de la colonia con la que oculta sollozos y súplicas me roza la cara cada vez que pasa la hoja del diario. Introduzco la mano en la sobaquera y palpo el cálido metal de la pistola. Tomo un sorbo y paladeo el ligero sabor amargo de la ginebra, el refrescante burbujeo de la tónica. El cabrón sigue tranquilo, ignorante de su destino. Desenfundo con suavidad y le apunto a la cabeza, que gira hacia mí atraído por el movimiento. Sus ojos denotan incredulidad, una sonrisa tímida brota de sus labios. Disparo un tiro preciso y cae como lo que es, un amasijo de carne, al reluciente suelo acristalado. Los clientes dirigen su mirada hacia mí. Un segundo fogonazo le destroza la cabeza. Enfundo la pistola y salgo del local con paso firme mientras los testigos vuelven a sus quehaceres como si nada hubiera ocurrido. 

No importa como me llamo, solo importa que hago mi trabajo.

Zumbido. Relato-Réplica

(Quinta réplica a un relato de mi amigo Antonio, el original pódeis leerlo en la siguiente dirección:
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2009/2/14/zumbido
Un saludo )

El continuo zumbido le provoca un sueño inquieto. Revolotea alrededor suyo, se posa sobre la piel húmeda, absorbe el sudor. El hombre duerme, pero su cuerpo se mueve con frecuencia, a veces bruscamente. Un golpe en el brazo y el diptero alza el vuelo. A continuación se posa de nuevo, busca un néctar más salado, en la nariz, en los labios, en las juntas de los dedos. El calor aprieta, la mosca, cada vez más afanada en alimentarse, baja la guardia y recibe un manotazo seco cuando inspecciona una mejilla. Nuestro hombre se acopla en el sofá y ronca profundamente, ella muere rodeada de sudor y salitre. Quince minutos más tarde, al despertarse, nota una molestia, un escozor en el pómulo. Al incorporarse, ve, sobre su camisa empapada, el cadáver del insecto. No recuerda nada, pero una sensación extraña, una ligera desazón, le provoca el cuerpo aplastado. Lo coge con cuidado y lo deposita dentro de una caja de cerillas, cuando caiga el sol lo enterrará bajo el almendro. 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Crimen. Relato-réplica

(Cuarta réplica a un relato de Antonio,
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2010/12/25/crimen
El libro va cogiendo forma.
Un saludo)


Juega con la punta del cuchillo sobre la piel mientras observa el horror que brota de esos ojos incrédulos; es un juego pausado en el que saborea el vértigo, el pánico. Sujeta con fuerza el mango y alza la hoja para proyectar la luz de la farola sobre esa cara asustada y suplicante; es un movimiento frío, ensayado y ejecutado muchas veces, con el que logra abstraerse, transportarse lejos, a un espacio vacío, sin tensiones. Seguidamente, con la habilidad y la precisión que da la costumbre, ejecuta el movimiento final en el que el arma disecciona el aire antes de hundirse en la carne entregada. La sangre brota con fuerza, impregna el asfalto y el último gemido de la victima lo devuelve a la realidad fría, a la oscuridad, a la noche, al ir y venir sin rumbo, a merced del aire, como una hoja en otoño.

domingo, 13 de marzo de 2011

Buscando una victima. Relato-réplica

(Tercera ráplica a un relato de Antoni Roda, "Cipri". El original lo podeis leer en la siguiente dirección:
http://lacomunidad,elpais.com/antoni/2010/2/5/la-victima.
Un saludo. 


Como no sabía de armas se dejó aconsejar. Le gustó la Glock 17, de fabricación austriaca, por su recamara bloqueada, su retroceso corto, su cargador de 17 cartuchos, su velocidad de fuego alta y su seguro automático integrado, aunque con un gatillo duro, demasiado duro para un neófito. Cuando llegó a su casa se puso a practicar, el pulso le temblaba, nunca había empuñado una pistola y ahora ante el espejo sentía el poder de un dios para decidir entre la vida y la muerte. Miró atentamente a aquél que no dejaba de observarle desde el espejo, sintió ganas de dispararle, de borrar aquella mirada adusta, aquel gesto insolente que escondía la mediocridad de una vida gris. Salió a la calle, necesitaba un trago. Acabó sentado en un banco del parque, con varias copas demás y las manos jugueteando con la semiautomática. Pasó un vencejo y le apuntó, imaginó como caía sobre las hojas secas tras su disparo. Giró el cañón y lo puso entre sus labios, percibió un sabor frío y metálico. Sintió ganas de apretar el gatillo y lo apretó con determinación. El estruendo provocó el revoloteo nervioso de cientos de pájaros que huyeron despavoridos mientras un viento otoñal barría el paseo y una lluvia de sangre teñía el tronco de un roble centenario.

La camisa. Relato-réplica

(Nueva réplica sobre un relato de mi amigo Cipri, el enlace del original es:
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2009/1/7/la-camisa-cuento-navideno-
Un saludo.)

La habitación le pareció húmeda y con poca luz. Sabía que otros presos , tras cumplir largas condenas, habían pasado los primeros días de libertad entre aquellas paredes. Inseguros y sin tener claro su futuro, al igual que él, se enfrentaban a la ausencia de las rutinas que habían marcado su existencia en los últimos años. El cuarto se hallaba desnudo, tan solo una cama, un colchón, una manta, un juego de sabanas, una mesa, una silla, una bombilla y una guía de “como planchar una camisa adecuadamente”. Sintió curiosidad, la cogió y la leyó atentamente. Al día siguiente compró una plancha y una camisa, una camisa cara, fabricada en popelina de algodón egipcio. Tras un mes practicando consideró que el último planchado era el correcto, no era necesario seguir, por lo que dejó la camisa sobre la mesa, perfectamente plegada, a la espera de ser utilizada. El problema ahora era buscar una celebración importante, una boda, una entrega de premios..., un entierro, donde poder lucir su caída. Pasados unos días, quizás una semana, decidió que había llegado el momento. Primero escribió una nota, una escueta nota, que dejo sobre la prenda. Después se quitó el cinturón, se subió a la silla y enganchó la correa en el gran cáncamo que presidía el techo, donde en otro tiempo debió de colgar una lampara demasiado grande para la habitación. Pasó el otro extremo alrededor de su cuello y ajustó fuertemente la hebilla. Mientras observaba la camisa impoluta, dio una patada a la silla y entre los estertores imaginó como le sentaría una vez puesta.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Un dia en la playa. Relato-réplica

( Esto es una réplica o variación sobre un relato de mi amigo Cipri publicado en su blog “a desproposito”, el pasado 29 de octubre, bajo el titulo “El Bañista”. Este es el enlace para que podais leerlo:
http://lacomunidad.elpais.com/antoni/2010/10/29/el-banista  
Un saludo)

Tan acostumbrado estaba su cuerpo al paseo diario, que ni en aquel extraño día pudo prescindir de la brisa marina, de las dunas cambiantes, de la arena fina, de aquel mar tan familiar pero tan lejano. 
Se encontraba cansado, muy cansado, por lo que cogió la silla plegable, la sombrilla, la radio y una manta por si le daba frío. Se acercaría con el coche y pasaría la mañana sentado, mirando el ir y venir de las olas, llenando de aire limpio los pulmones, quizás echaría un sueño, el sueño que necesitaba. 
La playa estaba tranquila, como siempre solitaria y acogedora. Colocó la silla en un extremo, donde se acababa la arena y un feo montículo lleno de broza indicaba el final de la cala. Se acomodo dispuesto a disfrutar del relajo de un día luminoso, cálido pero sin bochorno. El cansancio le fue venciendo poco a poco, con sigilo, con determinación, sin pausa. Cayó en un profundo sueño, en un oscuro e inacabable hoyo. 
Cuando lo encontraron los bañistas, lo creyeron dormido hasta que se acercaron. Su muerte era tan plácida, tan atrayente, que permanecieron tres horas a su lado mirando el horizonte. Al atardecer, abandonaron la playa despacio, en silencio, reteniendo aquella imagen: el mar, la arena, el aire limpio, la sombrilla y una silla donde un viejo descansa. 
No avisaron a la policía, las sirenas solo romperían aquella armonía.