El caso SGAE ha traído de nuevo a la actualidad el problema de la propiedad intelectual y los derechos de autor. Algunos dicen que son asuntos que no tienen nada que ver, que no se mezclen las cosas, que aquí hay un caso de corrupción y solo eso. Estoy de acuerdo a medias, la corrupción no solo es debida a una tendencia humana al egoísmo o la codicia, sino que se fomenta en una concepción patrimonial de la creación, del trabajo, de la vida. Una concepción cerrada que, en este caso, fomenta una visión exclusiva del hecho creativo. Una visión del creador como un semidios. Una idea que separa el trabajo manual y el intelectual dándo preponderancia a uno sobre otro. No digo que los creadores no deban de cobrar por su trabajo, (por cierto habría que discutir mucho sobre la estructura de cobros en el sistema actual, en el que la industria favorece a unos y trunca la trayectoria de muchos), pero no es de recibo que un cantante, actor, escritor, etc, de moda, viva en la opulencia mientras que sus seguidores, aquellos que consumen su obra, (que horror de palabra), tengan que pagar precios prohibitivos a riesgo de no llegar a fin de mes. El tema requiere un debate a fondo, en el que se fije el papel de la cultura en la sociedad, que debería ser algo más que un mero objeto de consumo. En ese proceso abierto considero importante el manifiesto de LADINAMO Asociación Cultural, del que a continuación dejo el enlace, por venir de trabajadores de ese mundo.
http://www.ladinamo.org/manifiesto