"...Quien siempre sabe a donde va nunca llega a ninguna parte, y que sólo se sabe lo que se quiere decir cuando ya se ha dicho."
(Javier Cercas, La velocidad de la Luz)
Mostrando entradas con la etiqueta modernidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta modernidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de diciembre de 2010

Harto de la eficacia, la modernidad y el progreso

Cada vez que oigo hablar de eficacia, modernidad o progreso, no se porque, miles de moscas zumban tras mis orejas y no es que me las embadurne con miel. Quizás sea la edad que me ha vuelto algo escéptico y algo conservador, pero me chirrían esas palabras.
Si eficacia consiste en combatir la crisis alimentando a sus inductores con reformas que abocan a la inseguridad y al desarraigo a gran parte de la población, (por cierto parte nada responsable de esta catástrofe), mejor me apunto a la ineficacia y a la inutilidad, pero como en el cuento, a ser feliz comiendo perdiz o arroz o lo que sea.
Si por modernidad se entiende caer preso de la prisa y la disociación, quedar atrapado en una realidad inestable y liquida, mejor volver a las cavernas o al medievo.
Si el progreso consiste en destruir el territorio, como está a punto de ocurrir en el norte de Perú, en las poblaciones de Ayabaca, Huancabamba, San Ignacio o Jaén, que viven de la agricultura y el turismo en armonía con el medio ambiente, y van a ser despojadas de su territorio por el hambre voraz de las multinacionales, amparadas por el gobierno peruano, ansiosas por extraer el cobre que yace en el subsuelo, (en otras regiones la escusa es el gas, el petroleo, las plantaciones de palma para biocombustible o la cría del langostino, que mas da el caso es robar las tierras para esquilmarlas).
Si todo ello, la desforestación, la roturación del terreno, la contaminación de las aguas, el desarraigo y la miseria de sus habitantes, es justificado por el “inevitable” progreso, yo reniego y me apunto al regreso. Al regreso a la tierra, al ritmo lento, a la vida austera..., en definitiva al decrecimiento.
A los interesados aconsejo una visita a este enlace: http://www.mineriaenelparaiso.org/
y que estampéis vuestra firma en la campaña “Zonas libres de minería”
Un saludo. Nano

sábado, 28 de agosto de 2010

Bienvenidos a la modernidad

En la imagen del atasco de Pekín, veo el rostro de un mundo en plena huida hacia el caos, hacia el colapso. China hasta no hace mucho era un país sin coches, el reino de la bicicleta. Cierto que el régimen maoísta no era una bicoca, un sistema excesivamente rígido y dogmático con un nivel de vida pobre y escaso, mas había logrado sacar a esa enorme nación de las hambrunas cíclicas que la azotaban. 
Pero primero murió Mao, luego calló el muro de Berlín y el mundo cambió, era el fin de la historia, decía Fukuyama, la lucha de las ideologías había concluido y el triunfo neoliberal daba paso a la era gloriosa del liberalismo democrático... Muchos países necesitaban profundas reformas para incorporarse al pensamiento único, verdadero garante de la libertad y el bienestar.
Con una prudencia oriental, los dirigentes chinos decidieron liberalizar la economía, pero mantener el control político. Pretendían evitar el desmadre ocurrido en Rusia y sus satélites en donde la descomposición del estado soviético trajo consigo un dominio por parte de las mafias neoliberales. Para lograr ese proyecto era necesario crear grandes infraestructuras que articulasen el país y permitiesen el desarrollo que trajera consigo la riqueza buscada. Algo de eso han conseguido, pero en una versión terrorífica.
China se ha convertido en un país rico, enormemente rico, en donde algunos de sus ciudadanos acumulan ingentes riquezas a costa de otros que han vuelto a conocer el hambre. En ese proceso la ciudadanía ha aparcado la bicicleta y ha adquirido un flamante automóvil, símbolo del progreso. 
La imagen del atasco, de más de cien kilómetros y de once días de duración, es la prueba de que por fin China, segunda economía del mundo, se ha incorporado al tren de la opulencia y el despilfarro. Bienvenidos a la modernidad